jueves, 17 de enero de 2013

Sabías a verde-amarela


Ambos sabíamos el final,
la diferencia era el camino hacia él.

Mi camino tenía la longevidad de un sueño, sabía a verde-amarela, y se adhería como arena.
El camino era fácil… tan fácil, que no lo pedí, caí en él de resbalón.

Resbalé en las pupilas, y las risas y las cosquillas, con vía directa al corazón…
De paralelo me tropecé con las lágrimas, ¡claro! era la misma ruta, sólo que ellas estacionaban allí, mi camino no, era aún más largo, tan largo como la longevidad de un sueño… seguía hacia la noche iluminada, con vuelo en las nube donde yace tu cuerpo esperando por mí, seguía en tu mente resquebrajándose deseando que yo estuviera a tu lado, seguía más, más allá de la princesa y el caballero, más allá de los siete enanos. Ahí, donde luchabas por mí, aún más allá.

Las lágrimas  esperan por los soñadores que creen no toparlas de nuevo nunca. Pero yo aún no lo sabía, y quedé sorda de un -hasta pronto.

Continué…  continué siguiendo tu sabor, sabías a verde-amarela, sabías a la longevidad de un sueño.

Y sientes donde el tiempo te arrastra con su corriente de ida hasta el corazón, donde lo único que yace es esa escrupulosa lágrima, esa que tenía certeza de volverte a ver, que te estaba esperando para explotar juntas hacia la nada… ahí, donde ya estabas tú y tu atajo.

En la nada, sin siquiera haberme esperado.


2 comentarios:

Alejo Z. dijo...

Cosquilleo de cachetes, trampa peligrosa no Pau? Ah cuando la vigilia interrumpe el sueño, se cola la realidad. Soñar despiertos -incluso con lágrimas en el horizonte- es de valientes.
Un abrazo fuerte acompañado de un beso.
Ale

P.D
dato "curioso": Un post luego del día de mi cumpleaños, me hubiera gustado haberlo comentado antes.

Ricardo J. Roman dijo...

Hola cuanto tiempo sin pasarme por tu blog. Un besito!