
extravié entre el O y el 2 el control de decisión,
aunque si no lo hubiese perdido yo misma lo escondía entre las risas y el llanto.
Elijo planchar, doblar y guardar mi norte,
por miedo a llegar a él y aburrirme en la desolación de haber acabado con su búsqueda.
Prefiero sentir flechazos del norte desde lugares inesperados sin guía de brújula,
y en cada sonrisa tragar la pluma que voló en el contacto de la flecha con mi curva.
Y con un soplo que acaricia los deseos de esa nube, la dejo ir…
Con su O, con su 2 y con mi control de decisión,
así asesino pasivamente al sentido de mis actos y le concedo la libertad a mi corazón de actuar y des-actuar con la autonomía que se ganó al madurar.
Enterrando la culpa de lo no culposo y colocando sobre la lápida de lo prohibido una rosa blanca.
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