Desearía que esa cerveza no hubiese acabado nunca, y seguir riendo entre la espuma y el hielo, con un latir apresurado del ¿qué vendrá? Con el sonrojo en mis ojos y el descaro entre muslos.Otras noches hubiera deseado eliminar unos tragos de la factura... y de las venas. Así evitaba la caída libre hacia la resaca moral, esa mañana que ni el nombre recuerdas… de él.
Tequilas han sobrado, haciendo de noches inolvidables, mañanas que no las recuerdan. Y ni se diga de la cava que llevo entre los hemisferios cerebrales, muchas fiestas llevan su nombre, muchas otras el mío.
A veces extraño la libertad que produce la embriaguez, sin “migo” regañando. Ahora me obedezco y termino yendo a la cama “con-migo”, y despierto sabiendo mi nombre, pero entre las sábanas suspiran los extraños y las noches largas.
El arrancarle la camisa un miércoles a las 10 de la mañana pasa seguido por mi cabeza, pensamiento que se esfuma con el rojo de mis cachetes y la sonrisa provocada al ver tu piel, aunque sea entre pensamientos… y tu… tu con el miedo de decir hola.
Nos duelen de más las cosas, porque al final, los daños se curan con una sonrisa nueva, entre fantasías repentinas y mariposas despertando del coma, para caer de nuevo en manos de la mejor cerveza… o del trago de más.



























