
No había nada recorriendo sus venas, ni oxígeno entrando en sus pulmones, ni escasa luz en su pupila. No era amor o trabajo, tampoco familia… tal vez ese era el problema… no había nada.
No había caricaturas en su fábula, ni hadas en sus cuentos.
Como bola de nieve se agrandaron las pequeñeces, el ruido de la licuadora en la mañana, los típicos gritos de papá y mamá, las motos en la calle, la basura en las aceras, los infractores, los niños solos yendo a las escuelas, las raíces descuidadas, esa uña despintada, el olor de la pintura, el maldito ruido de las alarmas, la mancha de pasta, el sonido de la gente al masticar, los olores a comida, el café hirviendo, y el correo vacio que avisaba el eterno día. Era una bola de nieve en su mochila.
Gritos, pleitos, discusiones, gritos, quejas, gritos…..
BASTA!!!! Ella tenía ganas de silenciar todo. De volver a sentir los cilios de su nariz siendo acariciados por el aire espeso, con el que ya estaba acostumbrada a bailar, pero un aire callado… silencioso y mudo… Tal vez ella deba abrir más la boca y tragar menos, pero nunca deseó tanto la muerte como esa mañana.



























